Ahora me encuentro en la recta final de esta especialidad en Competencias Docentes, he de decir que es una experiencia maravillosa como alumna que soy y comparto con ustedes esta reflexión del primer módulo que cursé.
Recuerdo que estaba cursando el octavo semestre en la Facultad de Estudios Superiores de Cuautitlán, cuando en una ocasión un profesor me pregunto que si me gustaría dar clases en la facultad, a lo que le respondí, maestro, dar clases sería lo último que haría en mi vida, el se desconcertó a lo que enseguida le explique, que la actividad docente la consideraba una actividad de mucha responsabilidad ya que en tus manos se deposita de alguna manera el futuro de muchas personas y yo no me sentía con a capacidad de poder guiarlas.
Tiempo después algunas mamis me pedían que preparara a sus hijos para presentar exámenes de matemáticas a nivel secundaria o bachillerato, en alguna ocasión apoye a una prima y mi tía me sugirió dedicarme a la actividad docente, lo pensé y lo creí conveniente ya que esta actividad me permitía seguir estando al pendiente de mis hijos.
Solicite empleo en una escuela particular, me aceptaron siendo mi primera maestra en esta profesión la directora de bachillerato, recuerdo que me dijo que la enseñanza era un arte en el cual nuestra finalidad como docentes es hacer que los alumnos se enamoren de nuestra materia.
Mi actividad docente la he realizado, considero de una forma mecanizada, mi empeño ha sido el hacer que mis alumnos aprendan métodos de resolución con un trabajo constante, de repente me llega a la memoria una ocasión en la que les llevé a mis alumnos de cuarto semestre un ejercicio impreso con hojas recicladas del semestre anterior y uno de ellos que había reprobado el curso anterior volteo la hoja y se dirigió un compañero (muy dedicado que había aprobado satisfactoriamente el curso anterior, según yo), diciendo, -estos ejercicios son del semestre pasado y se resuelven de esta manera ¿o no?- a lo que este compañero le respondió que el ya ni se acordaba. Entonces me di cuenta de la injusticia que había cometido a reprobar a ese chico, solo por el hecho de que no había acreditado un examen, en cambio el que había obtenido una buena nota no había pasado mucho tiempo y ya todo lo había dejado en el olvido.
En mi labor docente he convivido con compañeros docentes y directivos de los que he aprendido técnicas de enseñanza y me han brindado generosamente su apoyo para continuar con esta actividad, además de alumnos que me han agradecido lo que he aportado en su quehacer académico.
Sin embargo, a pesar de que es un proceso constante en el que tenemos que seguir aprendiendo para enseñar, de que mi actividad docente la he desempeñado con amor, que he querido servir y dar un buen ejemplo de pasión por el trabajo a las futuras generaciones, siento que me hace falta mucho, pero mucho por aprender.
Silvia Gómora
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